Sísifo con notificaciones: filosofía existencialista para tiempos inciertos
Frente a la ansiedad climática, la precariedad laboral y el bombardeo algorítmico, Camus y Sartre ofrecen una manera de asumir la libertad sin garantías.
0Ansiedad climática, mercados laborales precarios, un feed que decide qué vemos y desilusión con la política institucional: buena parte de la experiencia joven de hoy transcurre sin certezas heredadas. No es la primera vez que una generación enfrenta ese vacío. El existencialismo nació de una ruptura parecida y sigue siendo una de las herramientas filosóficas más honestas para pensar cómo actuar cuando nadie garantiza que el mundo tenga sentido.
Albert Camus lo llamó lo absurdo. En El mito de Sísifo (1942) explica que lo absurdo no está en el mundo ni en la mente humana por separado, sino en el choque entre ambos. Camus rechaza dos salidas fáciles: el suicidio físico y lo que llama "suicidio filosófico" —refugiarse en una fe o un sistema que resuelva la pregunta por decreto—. Propone en cambio la revuelta lúcida: vivir con plena conciencia del absurdo y encontrar en esa lucidez una forma de dignidad.
Hay que imaginar a Sísifo feliz.
Jean-Paul Sartre planteó algo complementario con su fórmula más citada: "la existencia precede a la esencia". No nacemos con un propósito ya escrito; existimos primero y nos vamos definiendo después, a través de decisiones concretas. Esa libertad radical viene acompañada de angustia, porque cada elección personal implica una forma de responsabilidad ante los demás.
El existencialismo no ofrece consuelo ni un mapa. Ofrece algo distinto: la idea de que nadie más va a resolver el sentido por nosotros, y de que actuar —en lo personal y en lo colectivo— es una postura que se elige, no un premio garantizado por adelantado.